Esa noche elevé mi vibración hasta donde pude y le hablé a las estrellas: platiquemos hermanos míos, llenos de luz que sólo a ellos me dirijo.
Pasaron horas, y entré en sueño, después toda mi habitación se iluminó con una luz cálida color naranja, y en verdad, no había sentido tanta sensación de amor en ese instante, quise abrir los ojos para ver que era pero no pude.
En el sueño apareció una niña hablándome, pero no movía su boca, tenía cabello castaño y largo hasta su cintura, sus ojos eran color ámbar, jamás había visto unos así, pero su forma física era idéntica a la de nosotros, vestía con túnicas blancas y tenía una tiara dorada en su frente, después ella tomó de mi mano y me llevó a una habitación llena de luz blanca, entonces apareció La Virgen, su presencia era tan cálida como cuando acercas la mano a una llama y brillante, me arrodillé ante ella tocando el suelo con mi frente y me dijo: “levanta tu cabeza y mírame, traten a Jesús y a La Virgen tan humanos como les sea posible, porque eso somos, ni figuras ni dioses”, al verla sentí una gran tristeza en sus ojos, luego me senté en un “sillón” blanco, apareció un pequeño rombo brillante flotando frente a mí, éste emanaba energía, y se colocó encima de mí, sentí una luz caliente que rodeaba el interior de mi cabeza, como si el rombo buscara algo, luego volvió al frente mío y se fue, en recuadros de esa habitación aparecían escenas de mi vida, unas conocidas y otras no, estuve en guerras y fui asesinado en ellas, tristeza por dejar a mis hijos y esposa, ideales vacíos luchados, pobreza, hambre, empecé a llorar, la niña me abrazó y me dijo “ya está todo bien, aprendiste muchas cosas, a luchar verdaderamente por causas que valgan la pena, a defender la vida, respetarla, servirla y no a personas”, ¿por qué dejar que esto pase? le pregunté, “cada persona elige dónde nacer para llenar el vacío de su evolución” me respondió, luego se me quedó mirando a los ojos y me pregunta, “¿qué es el cielo y el infierno?”, le dije que así nos enseñaban, son lugares a donde van las personas después de muertas, si obraron bien van al cielo, si obraron mal en su vida van al infierno, con cara de extrañeza me preguntó “¿qué es la muerte?”, cuando una persona deja de vivir le contesté, entonces ella tomó mi rostro con sus manos y me dijo, “todo en el universo evoluciona, mira como se forman los planetas, galaxias, formas de vida, si todo evoluciona en él ¿por qué no nosotros? nosotros reencarnamos para aprender, nosotros dejamos nuestro cuerpo material para alcanzar un nivel más alto de amor, conciencia, paz, para esto debemos aprender experiencias mientras vivimos, sufrimos para entender que es la compasión, nos odian para entender que es el amor, nos engañan para buscar la verdad, vivimos guerras para entender lo que es la paz, vivimos injusticias para entender lo que es la equidad, todo eso es aprendizaje, y dime, si no aprendimos todas esas experiencias en esta vida ¿por qué ir a ese lugar maravilloso o a ese lugar horrible sin saber qué es la justicia, el amor o la compasión?”, entonces le pregunté el por qué no nos acordamos de nuestras experiencias pasadas, “así fueron hechos sus cuerpos, para no recordar” ¿por qué? le pregunté, y ella no me dijo nada, pero su mirada no se apartaba de mis ojos y entonces ella me dice, “mira, ustedes son el Universo en conjunto con él y por eso las estrellas son su destino, irán más allá que la conciencia lo requiera, evolucionarán no paralela sino conjunta al cosmos como toda vida, dejarán el miedo, las enfermedades y el dolor, entenderán que habrá vínculos con el cosmos y ustedes mismos, ya no habrá más días de sufrimiento”, luego otra persona se nos acercó, la cual vestía igual con túnicas blancas y nos llevó a otra sala, me mostraron unos símbolos, estaban grabados en unas piedras flotando y girando, la niña me dijo que ésos símbolos son los utilizados por sus culturas, el primero es el amor, el segundo es el conocimiento, ella me dice “no te podemos mostrar más”, entendí que eso era lo necesario para empezar nuestra nueva era, la niña tomó mi mano y me guió hacia una puerta donde se veía la Tierra desde el espacio, “sirvan a la vida, sirvan a nuestra Madre, sirvan al planeta donde nacieron, puesto que sin él no tendrán dónde reencarnar”, antes de decirle algo ella me responde, “todos nosotros venimos de un lugar donde nacemos, desde ahí nos mandan a lugares para aprender y es donde nos quedamos”, ella me sonrió y dijo “ya es hora de volver”, yo no quería, después todo se desvaneció y desperté diciendo “no, no quiero” y aquella luz naranja que iluminaba mi habitación desapareció.
